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La economía en las PASO: ¿qué plantean Cambiemos, Unidad Ciudadana y 1País?

Cambiemos llama a confiar en los “brotes verde”. Unidad Ciudadana dice que hay que impugnar con el voto a Macri. 1País tiene un “Programa Económico Urgente” para las grandes empresas y las Pymes.

Pablo Anino

@PabloAnino

Jueves 10 de agosto | Edición del día

Cambiemos vino a intentar modificar la relación de fuerzas entre las clases sociales. Aunque en más de un año y medio de Gobierno favoreció generosamente a los empresarios en detrimento de las condiciones de vida de los trabajadores, todavía no pudo avanzar hasta el final con sus planes.

En 2016, el poder adquisitivo del salario retrocedió más de 6 % entre los trabajadores registrados (en “blanco”), pero en mayor proporción entre los estatales y los no registrados. Este año el salario real seguirá marcha atrás. Pero el Gobierno enfrentó fuertes dificultades para imponer los techos en las paritarias, que en realidad fueron quebrados.

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El otro ángulo de ataque son los despidos: según cifras oficiales, la desocupación se acerca al 10 % en el país y llega casi al 12 % en el conurbano bonaerense. El resultado de las políticas oficiales es 1,5 millones de nuevos pobres y 600 mil indigentes más en un país que produce alimentos para 400 millones de personas.

Por eso los candidatos del oficialismo, siguiendo el libreto de Jaime Durán Barba, recurrieron al circo de denunciar la corrupción de Julio De Vido, que bien ganada tiene su fama, para evitar hablar de la economía.

Pero Elisa “Lilita” Carrió, esa especie de “reserva moral” de la patria, eludió sutilmente hablar de Ángelo Calcaterra, el primo de Mauricio Macri. Según el oligárquico diario La Nación, Calcaterra está involucrado con Odebrecht en las coimas por el soterramiento del Sarmiento. No sólo eso: fue uno de los principales beneficiarios de la obra pública en la “década ganada”.

En 2003 Carrió defendió a Aníbal Ibarra: "Creo que es el mejor candidato a jefe de gobierno. Y más frente a un contrabandista como es Macri", afirmó entonces. La memoria selectiva de “Lilita” olvidó aquel desatino. También evitó hablar de los Panamá Papers y de la estafa con la deuda del Correo Argentino.

Entre los principales ganadores del macrismo están el agropower beneficiado con la devaluación además de con la quita de retenciones (y baja en el caso de la soja) y el capital financiero internacional que usufructúa de la “bicicleta” de las Lebac y la escalada de la deuda externa.

Por su parte, el gran capital industrial avanza en el ajuste por “mano propia” despidiendo y cerrando empresas para precarizar y flexibilizar más el trabajo (como en PepsiCo, AGR Clarín y otras compañías). Las privatizadas de los servicios públicos celebraron los tarifazos y muchas empresas energéticas vieron volar sus cotizaciones en la bolsa porteña, como Pampa Energía.

El presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, transformó al país en un paraíso de los especuladores. Hasta el período electoral fue aprovechado para hacer enormes ganancias con la suba del dólar, que no detuvo la “bicicleta financiera”, sino que la acomodó en un escalón más arriba. Eso repercutió en la inflación: en julio los supermercados remarcaron 5 % los precios.

Desde principios de julio al 4 de agosto, gracias a la retención de ventas y la suba del dólar, la cosecha de soja no comercializada se valorizó en $ 15 mil millones. Un puñado de empresarios del agropower ganó especulando el equivalente a cuatro veces lo que reciben cuatro millones de beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo (AUH) por mes.

La industria también celebra que mejoró la competitividad con el alza de la divisa estadounidense. Son insaciables: todos presionan por un dólar aún más alto.

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Sobre el final de la campaña, el macrismo empezó a hablar de "brotes verdes" para que la gente "sienta" que la reactivación está a la vuelta de la esquina, más allá que sus bolsillos digan lo contrario.

El logro de un “metro más de asfalto” que resaltó Esteban Bullrich (con el aditivo de “un pibe más que está preso”, derechada de la que tuvo que salir a “arrepentirse”) no es más que un enorme gasto en obra pública con fines electorales.

No obstante, el gasto electoral resultó en un crecimiento pírrico que mantiene a la economía prácticamente estancada y con enormes desequilibrios que el oficialismo buscará atender con más ajuste después de octubre: déficit comercial, rojo fiscal, inflación, atraso cambiario, entre los más relevantes.

Cambiemos intentará que las elecciones le otorguen capital político para seguir con la agenda de la CEOcracia: una reforma que lleve las condiciones laborales al Siglo XIX siguiendo el modelo del golpista Michel Temer, elevar la edad jubilatoria y avanzar en la reprivatización del régimen previsional, y bajar impuestos a los empresarios.

Así no vamos bien

Mientras en Santa Cruz el ajuste fue más brutal que el del macrismo, Unidad Ciudadana dice que en estas elecciones hay que ponerle un límite al Gobierno.

Pero los “traidores” que en años anteriores lograron una banca en las cámaras de diputados o de senadores con el Frente para la Victoria fueron los que le votaron leyes claves a Cambiemos, tales como el Presupuesto de ajuste de 2017 o el pago a los fondos buitre.

El programa del frente que tiene como referente a Cristina Fernández llama a “Recuperar lo perdido: empleo, salario y condiciones de trabajo". Y elude recordar que los empresarios la “levantaron con pala”.

La invisibilización de la expresidenta en la campaña es funcional a evitar traer a la memoria el malestar social en los últimos años de su Gobierno, donde el empleo estuvo estancado.

Cristina dejó un tercio de los trabajadores en “negro” y más del 50 % precarizado, entre ellos miles de empleados públicos que sufrían el fraude laboral en los ministerios nacionales.

Luego de doce años el kirchnerismo dejó muchas leyes y normas intactas a pesar de tener mayorías parlamentarias, lo cual facilitó el avance del macrismo. Eso se expresó, por ejemplo, en la precarización que hizo más sencillos los despidos en el ámbito estatal.

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La devaluación que realizó (o dejó correr) Axel Kicillof en 2014 derrumbó casi 5 % el salario real de los sectores de trabajadores registrados (no mucho menos que la pérdida de 2016). La recuperación de 2015 con fines electorales no logró compensar la pérdida previa.

La inflación fue erosionando los salarios durante el fin del ciclo del Gobierno de Cristina. Y no logró disimularse ni con la manipulación de las estadísticas que implementó la patota de Guillermo Moreno en el Indec. El amigo del genocida César Milani ahora es candidato en la ciudad de Buenos Aires.

Si bien a través de las moratorias el kirchnerismo integró al sistema previsional a muchos que no contaban con los aportes suficientes, Cristina Fernández negó sistemáticamente el 82 % móvil del salario activo a los jubilados a los que ahora invita a sacarle la tarjeta amarilla al macrismo.

El Fondo de Garantía y Sustentabilidad (FGS) de la ANSES en manos de los K se utilizó, no para mejorar el magro ingreso de los jubilados, sino para pagar deuda pública y financiar empresas privadas.

Incluso el kirchnerismo evitó el pago de sentencias judiciales, cuestión que el actual oficialismo tomó demagógicamente con la falsa reparación histórica a los jubilados, que en realidad encubrió un blanqueo a quienes fugaron capitales y evadieron impuestos.

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Néstor Kirchner canceló al FMI U$S 10 mil millones anticipadamente. También reestructuró la deuda pública con la complicidad del ahora massista Roberto Lavagna: eso significó ganancias de hasta 300 % para los “buitres buenos” que aceptaron el canje, según reconoció más tarde Kicillof.

Los “pagadores seriales” cancelaron en total unos U$S 200 mil millones de deuda a favor de los especuladores durante los tres gobiernos kirchneristas.

Fue Kicillof el que allanó el camino de vuelta a los “mercados” con el pago de los fallos del Ciadi (un tribunal imperialista que funciona dentro del Banco Mundial) y el acuerdo con el Club de París, reconociendo en este último caso una deuda gigantesca que superaba ampliamente los registros previos del Ministerio de Economía.

Ahora Unidad Ciudadana convoca a “revisar la deuda contraída”, pero siempre pagaron sin chistar.

Un país como el de Duhalde

El espacio 1País, encabezado por Sergio Massa, en su “Programa Económico Urgente” se ubica equidistante tanto del “error populista” del kirchnerismo como del “error conservador” del macrismo.

En realidad 1País cometió los dos errores: Sergio Massa y Roberto Lavagna fueron funcionarios del kirchnerismo. Luego se pasaron de bando: en 2013 el Frente Renovador le prestó su lista en la Provincia de Buenos Aires a candidatos del PRO y durante el primer año de Cambiemos en el poder, bajo el eufemismo de garantizar la gobernabilidad, actuaron como cómplices del ajuste. Ahora, acorde con el oportunismo electoral 1País volvió a tomar distancia.

El massismo busca seducir a los desencantados del macrismo con medidas concretas, pero totalmente irrelevantes desde el punto de vista de mejorar la vida de las mayorías trabajadoras: su principal propuesta es “bajar los precios” mediante la eliminación del Impuesto al Valor Agregado (IVA) a sólo once productos de la canasta básica.

Pero la eliminación del IVA debería ser a todos los productos que consume el pueblo trabajador. Además, debido a las permanentes maniobras de los oligopolios que controlan la producción y la comercialización, para que una medida así sea efectiva en “bajar los precios” tendría que exigirse la apertura de los libros contables de las grandes cadenas de supermercados y de la industria alimenticia, estableciendo el control obrero y popular.

Lejos de afectar las ganancias empresarias, en su programa 1País defiende “un cambio impositivo que rebaje la presión global” a las empresas. A la vez, dice que hay que promover la “sinergia” entre las grandes compañías y las Pymes. Cualquier parecido con Cambiemos no es casualidad.

José Ignacio, el “Vasco”, De Mendiguren, ex ministro de Eduardo Duhalde y figura de la Unión Industrial Argentina, es junto a Lavagna el vocero económico de 1País. Buscan volver al kirchnerismo del 2003-2006, al que reivindican como “modelo productivo”. Pero el kirchnerismo de los orígenes no es otra cosa que el duhaldismo devaluador del salario que le dejó la mesa servida a Néstor.

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